PAULA VITALE

¿Por qué me querés entrevistar? preguntó Paula un tanto desconfiada en un audio, un tiempo después de haber confirmado nuestro encuentro. Por alguna razón ella no cree –o al menos no creía al momento en que la contacté- que su vida pudiera ser material publicable e interesante para el ojo ajeno. Te quiero entrevistar porque me encantan tus dibujos, le dije sorprendida, sin atenerme a antiguos protocolos periodísticos de objetividad. Estaba profundamente impresionada por el nivel profesional de sus líneas y la versatilidad de sus personajes; alguien que puede plasmar algo así sobre un papel, debe tener una historia interesante para contar -reflexioné mediante el uso puro de la lógica-. Pero no me fue sencillo. Debo admitir que para atravesar su coraza tuve que sortear los obstáculos de su timidez y así finalmente obtener la recompensa de traerla hasta aquí, de mostrar una pequeña fracción de lo que esta azuleña, retraída e intelectual, es ante mis ojos.

En un típico pasillo platense al fondo, Paula comparte hábitat con su compañera de piso, Lucía, en un barrio un tanto alejado del caos del centro. Posee un patio con la cantidad de verde suficiente como para alojar a cuatro gatos y un perro: Krishna, Toulouse, Puré, Nina y Greta. A pesar del calor y la humedad de febrero a media tarde, la casa se encuentra fresca y la cantidad de luz es exacta. Mientras preparo el grabador, ella hace mate y de fondo nos acompaña un suave jazz. Despacio, nos adentramos en los comienzos de su vida en Azul1

Yo soy artista desde que nací, creo que nunca tuve otra opción. Mi mamá dice que con dos años ya tenía una obsesión, que lo único que hacía era dormir, comer y dibujar-dormir, comer y dibujar… ¡básicamente lo mismo que hago ahora! Se ríe con inocencia, me impacta que se ve mucho más chica de lo que es, con un cierto aire aniñado. La familia de Paula está conformada por sus padres –Patricia y Oscar (ella una odontóloga que decidió dar de baja su matrícula, él ingeniero químico) y sus tres hermanos: Matías -31- psicólogo quien no ejerce la profesión y se fue a vivir al sur a hacer un curso de permacultura; ella misma -29-; Luján -27- traductora de inglés radicada en Nueva Zelanda y Nacho-19- estudiante de Antropología.

Mis viejos son muy lectores. La verdad es que les podré criticar muchas cosas, pero siempre cuento ésto porque es mi orgullo: en mi casa del pueblo hay una habitación y  tres de sus paredes están llenas de libros; en la cuarta, hay un gran sillón. Allí están los primeros ejemplares que cayeron en mis manos: la colección de Filosofía de Hispamérica, cuatro tomos de Historia del Pensamiento y después todos los clásicos de literatura, física, astronomía, matemática y religión (como mi mamá es católica también hay metafísica, teología e Historia de la Iglesia). Ella siempre me decía “si estás aburrida andá a leer”.
Pero no eran sólo libros a lo que estaba acostumbrada Paula desde chica, Internet también era un bien preciado y garantizado en la crianza de la familia, manteniéndose inmutable a pesar de las crisis económicas a lo largo de los vaivenes políticos del país. En mi casa nos restringían la tele, pero conectarnos no, por lo que volábamos con la oportunidad. Nacho, al casi haber nacido con la tecnología, es una luz. Internet cambió un montón la mentalidad de la gente, yo tengo la hipótesis de que Azul está mucho mejor gracias a eso, más abierto. Se ve más gente diferente que antes.

En mi colegio yo era la bizarra porque sabía de todo por vivir leyendo. Allá en ese momento yo era rara por ser artista, leer o escuchar rock; acá soy “comuncita.” En la secundaria era insoportable, la típica pendeja que te mete el dedo en el culo todo el tiempo. De hecho me llevé filosofía y sociología con el mismo profesor porque le discutía mucho. Los últimos dos años fueron fatales. Yo le dije “¿porqué no das Sartre?” Y él me respondió: “¿Querés dar Sartre? Vení en diciembre.”  Él me ve ahora y me agradece, me quiere, me recuerda con cariño, yo lo sigo detestando e inmediatamente larga la carcajada.

La universidad

La primera carrera en la que Paula se anota es Artes Plásticas, en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, al instalarse en 2007. Allí cursa Mural, pero cuenta -con humor- que decidió dejarla ya que quienes daban la materia poseían una inclinación setentista de mural político y en ese momento ella no podía decir abiertamente que era de izquierda o su familia la mataría. Finalmente, lo que yo quería aprender era la técnica, así que me pasé a dibujo.

Tengo el 70% de la carrera hecha, la dejé en 2011, hace mucho tiempo. En el tercer año de Plástica, toma clases en simultáneo de Filosofía, en la misma casa de estudios: todo empezó  por una amiga de Azul que vino un año a vivir acá y estaba en Letras. Iba de oyente a todas las materias que le parecían interesantes y me invitaba a ir con ella. En filo me di cuenta de que amaba todo eso. Esta carrera me dio el método para entender cosas que pasaban en el arte, que en Bellas Artes no te dan ni te forman.

Es verdad que también incursioné en otros ámbitos con el fin de demostrar que me daba la cabeza para algo distinto. Imagino que la necesidad de la sociedad de que todos encontremos un lugar y nos acomodemos en él, pesa en los hombros de muchos, sólo que algunos, como nuestra protagonista, intentan darle una vuelta de rosca. Justo ayer venía pensando que puedo ser: o bien una filósofa mediocre, o una artista plástica.

El trabajo

En 2011 hubo problemas económicos en mi familia y no pudieron seguir pasándonos más plata que la del alquiler, así que tuvimos que salir a laburar. El primer lugar en el que trabajé fue en el bachillerato de Bellas Artes; fui la chica de la fotocopiadora por unos seis o siete meses. Cuando dejé ahí estuve una semana en Telefónica pero no lo resistí: un día llamé a una viejita y le dije “señora yo la llamé recién, por favor no acepte porque la van a cagar” y después renuncié, soy muy honesta para estar ahí.
Por suerte conseguí trabajo en la Catedral,  donde cobraba las entradas al museo. Eran ocho horas, seis días a la semana (un horror) pero cobré y creo que me compré unas zapatillas. Fue entonces que empecé a estudiar en Espacio A, una escuela de arte, danza, plástica y teatro, con Cristian, un profesor del lugar. Como yo era muy nerd él se encariñó enseguida conmigo y me becó, poniéndome como su asistente. Ni bien empecé me frenó y me dijo “Si querés pintar, vas a tener que arrancar de cero…” fueron tres años estudiando y cuatro en total trabajando. Yo daba clases de dibujo e ilustración tradicional a nenes porque él no tomaba esos perfiles. Era divertido porque podía dar nociones de dibujo pero sin una metodología rígida. En ese momento él era mi mentor. En diciembre de 2015 dejé porque entendí que era un espacio en el que yo ya no podía crecer.
Las crisis suelen ser momentos de quiebre, de un antes y un después en la vida de cualquier mujer, pero en el camino hacia los 30, estos movimientos cuasi sísmicos de base obligan a barajar y dar de nuevo, asumiendo nuevos escenarios e intentando darles un sentido de cotidianeidad. Paula debió cambiar todos los lugares en los que se sentía tranquila y confiada en el término de un año –trabajo, familia, pareja- y volver a empezar de cero. Por un tiempo administró una pensión y se enfrascó en el viaje psicodélico del solipsismo al empezar a estudiar Filosofía de forma oficial, abandonando casi por completo, el dibujo. Salvo por Ástor2que era el trabajo fijo que tenía una vez al mes, no dibujaba nada de nada.

Cuando me separé volví a vivir al departamento donde estaba mi viejo en La Plata, así que pude ahorrar. Cuando ganó Macri, me alquilé una habitación donde vivía con unas chicas y sentí el ajuste de una manera atroz.
Tuve que empezar a pagar muchas más cosas y mi sueldo se devaluó en dos meses. Me deprimí un montón. Después pude procesar que estaba deprimida, pero en ese momento no lo veía así. No tenía espacio para dibujar, vivía en una habitación muy chiquita con mi gata Nina, tenía mi escritorio, mis libros y podía apenas usar mis acuarelas en los cuadernitos y estudiar.
En mayo de ese año me echaron de la pensión por el ajuste, así que me volví a bajonear bastante. Por suerte una amiga me ofreció ser niñera de sus hijas. Trabajé para ella hasta  noviembre del año pasado. Estaba tres días con las nenas, dibujaba para Ástor y estudiaba Filosofía. En noviembre renuncié y los llamé a mis viejos para preguntarles si podían ayudarme y esta vez me dijeron que me largara tranquila, que ellos me bancaban. Ahí decidí hablar con Lu para vivir juntas porque yo ya no podía seguir donde estaba y ella estaba atravesando una situación parecida a la mía. Así que el año pasado estuve adaptándome a toda mi nueva vida.
Por suerte ya tengo mi espacio para trabajar y los laburos fueron sucediéndose uno al lado del otro: me llamaron de BirraJet 3para que les haga un mural y a los quince días de una birrería en Berisso –Spartak- 4 también para lo mismo. Estoy haciendo la tapa de un libro para una editorial independiente que se llama Erizo, el año pasado ya trabajé para ellos haciendo a Arlt 5), con la tapa de las Aguasfuertes Porteñas- y ahora sobre Kate Chopin. 6
Siempre me ha llamado poderosamente la atención aquella gente que mantiene un hábito inmutable a lo largo de su vida, desde los más tiernos comienzos. Me gusta conocerlos, indagar en sus costumbres e intentar entenderlos desde un punto de vista un tanto milimétrico. Paula es esa clase de persona que imagino hoy en día puede preguntarse porqué hace lo que hace y no sólo quedarse en una costumbre autómata.
Claro que me he puesto a pensar porqué dibujo, más que nada ahora que estoy en crisis con la carrera. Supongo que no son hechos aislados que mi viejo sea ingeniero y que haya dibujado siempre en Autocad. Tiene un manejo increíble del dibujo técnico. Es excelente, muy preciso. De chiquitas con mi hermana veíamos  sus cuadernos y los copiábamos.
¿Cuántos dibujos puede haber acumulado esta mujer en sus 29 años de vida? No tantos como me hubiese gustado oír cuando respondió mi pregunta: Tengo muchos cuadernos, tengo cuatro cajas que están hechas mierda porque no las cuidé. De hecho, cuando vivía con mi ex, un día me puse a quemarlos. Yo estaba muy enojada y justo cayeron los chicos de Ástor. Cuando vieron lo que estaba por hacer rescataron algunos y se los quedaron y regalaron a gente que realmente los quería. Cada dos por tres me lo recuerdan. Supongo que tenía una autoestima muy de mierda y quería las cosas mientras las hacía y después ya me quería deshacer de todo. La verdad también es que dibujo desde muy chica y no puedo tener guardado todo, necesitaría una habitación exclusiva sólo para eso. Hay cosas de las que me arrepiento, por supuesto, pero tengo muchos digitalizados en mi máquina desde el 2009, 2010.  A mí me encantaba Bacon 7 en ese momento y me puse a pensar porqué no conocía su trabajo y cuando ví que quemó todo lo que había hecho fui e hice lo mismo. Se detiene a pensar y me aclara: alrededor de los doce años, los nenes van dejando paulatinamente el hábito de dibujar, ya que incorporan más paradigmas sociales que no tenían hasta el momento. Esto los lleva a elevar la vara de cómo se debe ver algo y, por lo tanto, se frustran. Luján dejó más o menos a esa edad y a mí me mandaron a un taller, donde mucho tiempo después expuse. Según mis viejos yo soy talentosa, tengo un don, pero no, yo tengo una capacidad que fue desarrollada y trabajada.

Dibujando al feminismo

¿Cómo relacionás tu trabajo con tu pensamiento político, las redes sociales y la necesidad de fama inmediata en la que estamos inmersos?

Debo admitir que ahora yo trabajo gracias a Instagram. Pero jamás saldría corriendo a pintar a alguien que está de moda para ganar seguidores o reconocimiento (y está todo bien con los que lo hacen) pero no es mi estilo. Del mundo de la birra me siguen un montón de personas y hoy en día es mi mayor fuente de ingresos, estoy haciendo lúpulos por todos lados ¡PERO NO ME QUIERO VOLVER UNA GORDA AMBICIOSA! Así estoy bárbara, cubro mis necesidades básicas: pagar el alquiler, la birra y mis libros. 2011 fue un año pico donde exponía en todos lados full time y al final  la pasaba mal; cuando frenó la demanda (o mejor dicho cuando empecé a decir que no) dejé de llorar. Estaba súper estresada porque soy muy exigente con lo que hago y no funciono ante órdenes en cuanto a mis procesos creativos, no me gusta hacer cosas bajo presión.
En lo que respecta a la militancia y mis dibujos, me interesa hacer retratos y que la gente se pregunte quiénes son, como los de Johana Ramallo 8, Julio López9 o Santiago Maldonado 10Disfruto haciéndolo y creo que eso tiene un alcance, y así, por ejemplo, la gente sabe quién es Mariano Ferreira : 11.
Pero nunca pienso en transmitir una idea como una cierta metáfora. La política me interesa mucho desde que descubrí a Marx a los 18 años en Bellas Artes y me enamoré (mis grandes amores están muertos); soy trotskista, pero voté sólo una vez y fue al Frente de Izquierda, así que más bien me inclino por el anarquismo. Tengo un montón de críticas para hacerle a la izquierda, pero al fin de cuentas son anticapitalistas y es con lo que más me identifico.
Mis dibujos están todos disponibles para que la gente los descargue y haga lo que quiera con ellos, si quieren remeras, prints, o lo que sea; es mi manera de ver las cosas, aunque el mundillo de las artes es competitivo y no me gusta para nada, intento mantenerme firme en mi posición ¿FEMINISMO Y COMPETENCIA? POR FAVOR! El error es que hay una creencia común de que dibujar es un oficio individual, lo que es mentira, porque en un taller aprendés mucho más que haciendo vos solito en tu casa. Yo pegué un salto porque estuve tres años mirando cómo todos pintaban y, por supuesto, también pintando yo, pero siempre observando y escuchando correcciones. La gente es muy incoherente en general, pero también sé que es muy difícil ser coherente. Por ejemplo decir que soy trotskista y apoyar a Altamira… ¡ay! no sé… ahora me agarraste así, en este momento, pero quién sabe el mes que viene. Es que antes tampoco tenía en claro todos los pensamientos que tengo ahora, no estaba segura de ser artista plástica, quería ser filósofa pero tampoco sabía en qué consistía serlo (más que ser profesora). A mí me gusta dibujar.

 

 

 ¿Cuál es tu situación actual con la carrera de Filosofía?

El grupo en el que estoy ahora es de Teoría Evolutiva- Normatividad en Lógica y Ética- pero desde el marco de las neurociencias, y me pasan dos cosas que me interpelan directamente y hacen que ya no quiera seguir: primero que hubo una denuncia hacia un integrante del grupo en estos escraches que se están haciendo, y tuvieron una reacción que para mí no va, que es pensar que quizás la chica había mentido, lo cual va en contra de todas mis convicciones. Segundo, que el grupo tiene un corte cientificista y no me siento identificada. Me he llevado muchas decepciones en este ámbito porque al final se trata de hacer un paper y leerlo cinco años seguidos y discutir cosas que son irrelevantes. Las mesas sobre estética no tienen nada que ver con la actualidad que estamos viviendo, es una burbuja de clase academicista donde no se mira lo que realmente sucede. Entonces no sé qué voy a hacer. Probablemente estudie otra carrera o no sé… ¡la verdad es que me chupa un huevo! Soy muy autodidacta y  tengo mis amigos filósofos para comentar los libros que leo con ellos.

¿Se podría decir que estás encaminada?

Pareciera… es que yo soy muy dudosa, no me quiero hacer la más campeona porque después viene la vida ¡y te la da! Cuando me siento medio cómoda pasa algo y me sacude. Hay gente que es re segura de su trabajo, yo soy medio cara rota, subo lo que hago y listo. Quizás no te das una magnitud de lo bueno que es lo que hacés yo lo sé pero no me voy a forzar. Pero no sos una chantano, claro que no, pero no soy chanta en ningún ámbito de mi vida. En casa me enseñaron que sea lo que sea que haga, la exigencia debe ser muy alta.

Apagué el reporter y nos fuimos a hacer fotos al jardín.
Paula se hundió entre crecidas plantas de marihuana; los gatos salieron detrás de nosotras y comenzaron a dar vueltas alrededor, expectantes de lo que estaba por suceder.
Paula apoyó el cuadernito entre sus piernas cruzadas y, como si se encontrara en una especie de trance, empezó a dibujar.
Paula materializa sus más profundos anhelos, miedos, esperanzas y deseos en un papel del que luego toma una distancia tan grande que ya no le pertenece.

  1. Azul o Callvú Leovú (nombre antiguo, indígena, histórico y fundacional de la localidad junto con el nombre “Azul”)1​ es una ciudad ubicada en el interior de la [Republica Argentina ]], en el región central de la misma más exactamente, en la Provincia de Buenos Aires. Cabecera del partido de Azul, está ubicada a 300 kilómetros al sudoeste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
  2. Ástor: cerveza artesanal platense @astorbirra
  3. BirraJet: cerveza artesanal platense  @birrajet
  4. Spartak: cerveza artesanal de Berisso
  5. Roberto Emilio Gofredo Arlt1​(Buenos Aires, 2 de abril de 1900 – Buenos Aires, 26 de julio de 1942) novelista, cuentista, dramaturgo, periodista e inventor argentino
  6. Katherine O’Flaherty Faris (8 de febrero de 1850-22 de agosto de 1904), más conocida como Kate Chopin, fue una autora estadounidense de historias cortas y novelas. Sus obras incluyen El despertar (The Awakening) y The Story of an Hour and The Storm.
  7. Francis Bacon (Dublín, Irlanda, 28 de octubre de 1909-Madrid, España, 28 de abril de 1992) fue un pintor británico, nacido en Irlanda, de estilo figurativo idiosincrásico, caracterizado por el empleo de la deformación pictórica y gran ambigüedad en el plano intencional.
  8. La última vez que vieron a Johana Ramallo fue el 26 de julio a las 20:30 hs en la estación de servicio YPF ubicada en la esquina de las calles 1 y 63 de la ciudad bonaerense de La Plata. Desde ese día, su familia no sabe nada de ella. “La desaparición de Johana no es un hecho aislado, forma parte de las más de 3000 mujeres, jóvenes y niñas desaparecidas en los últimos años, muchas de ellas para ser traficadas y vendidas en el comercio sexual de las redes de trata”, denuncia su familia.
  9. Jorge Julio López (General Villegas, 25 de noviembre1​ de 1929 – Desaparecido el 18 de septiembre de 2006) fue un militante peronista y albañil retirado argentino que fue víctima de desaparición forzada durante la última dictadura cívico-militar argentina y confinado varios años en distintos centros clandestinos de detención. López sobrevivió a esta experiencia y ya restaurada la democracia se presentó como testigo en los Juicios por la Verdad abiertos en 1998. Luego de que el Congreso Nacional y la Corte Suprema anularan las leyes de impunidad, López declaró como víctima y testigo en el juicio por delitos de lesa humanidad en el que fue condenado a prisión perpetua el represor Miguel Etchecolatz. Poco después de declarar y un día antes de que se dictara la sentencia condenatoria, el 18 de septiembre de 2006, Jorge Julio López desapareció sin que hasta el día de hoy existan noticias sobre qué le sucedió.
  10. El caso Santiago Maldonado se refiere al caso de la desaparición de Santiago Andrés Maldonado el 1 de agosto de 2017, investigados en las causas 8232/2017 y 8233/2017 de la justicia federal argentina, víctima de una desaparición forzada en el marco de la represión de una protesta que incluyó cortes de ruta, realizada por la comunidad mapuche Pu Lof en Resistencia de Cushamen, ubicado en la provincia argentina del Chubut. La represión fue llevada a cabo por la Gendarmería Nacional, una fuerza de seguridad que opera en el ámbito del Ministerio de Seguridad del Poder Ejecutivo, disparando balas de plomo y de goma.
  11. Mariano Ferreyra (3 de junio de 1987 – 20 de octubre de 2010) fue un dirigente de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), militante del Partido Obrero desde los 13 años. En el año 2010 fue asesinado de un tiro en el pecho por un grupo de afiliados a la Unión Ferroviaria en una manifestación de trabajadores tercerizados en la que se exigía el pase a la planta permanente en la Línea Roca.
Dibujo realizado por Paula, bajo la consigna de "lo que te vibre este proyecto de Rosachina"
Canción de Rhye, Count To Five; Album Blood.

Agradecimientos:
A Ayesha Marín -@ayesha.fotografia- por ser mi eterna compañera de aventuras y capturar esa tarde que conocimos a Paula
A Sari Jones -@sariandpol- por diseñar
A Pía -@mpiazaniboni- por programar
Y a Paula -@cosasdepaulav- por confiar