Miriam Maidana

Según datos oficiales, en Almagro viven menos de sesenta mil hombres y más de setenta mil mujeres, una de ellas es Miriam Maidana. Bajita, de pelo castaño semi lacio hasta los hombros, anteojos cuadrados de marco negro, mirada amable y cómplice. Cuando habla traga las últimas palabras de las oraciones más largas por falta de aire. El cigarrillo es su único vicio, al menos de los nocivos. Las cosas con las que más identificada se siente tienen que ver con sus orígenes porteños, su pasión por The Clash, la convicción diaria –casi militante- que la lleva a vivir de la psicología hace más de veinticinco años y el amor de su vida, su adolescente hija Camila. Nos recibió a escasas cuadras de la mítica confitería Las Violetas1 , en un edificio construido en la década del veinte, de esos con ascensores de rejas trabajadas y escaleras anchas de mármol relucientes. En el primer piso, con un ventanal-balcón de persianas de hierro doble que dan a la calle, entre un mix de barrio mundano y lujo nostálgico parisino como sólo Buenos Aires puede ofrecer, nos encontramos con Miriam una tarde de mayo, donde armó su cálido consultorio, en el cual lleva ya siete años trabajando.

La infancia

Nos separa una mesa y estamos enfrentadas en sillas confortables. Ella se reclina hacia atrás y mira para arriba, como en un intento de pensar más allá, de recordar cosas antiguas. Cuando habla  de su infancia se pierde en anécdotas. Cada tanto recalca la importancia de la figura paterna en su vida,haciendo una  divertida alusión al complejo de Electra, donde florece toda la carga de su profesión. Nacida el 9 de agosto de 1962 en el Hospital Español del barrio de Once, relata con gracia e ironía las vicisitudes de las que fue protagonista al ser “traída” a este mundo por una tormenta de dimensiones épicas. Según dice, la inundación fue razón suficiente para que su madre tomara como especie de adelanto lo movida que sería la vida junto a ella. Sin embargo, catorce meses más tarde nacería su hermano, contra todo pronóstico médico. Sus padres habían sido llamados a decidir –en caso de que el parto se complicara en extremo- si salvarían la vida de la madre o del que estaba por nacer. Finalmente no fue necesario; su hermano vive en Estados Unidos y tiene esposa e hijas. No mantienen una relación fluida, y en todo momento se entiende que son dos personas muy distintas.

La realidad es que Miriam, estimulada desde temprana edad, fue una niña prodigio. A los tres años ya sabía leer, aunque ella misma desestima el caso y lo justifica como una cuestión lógica de repetición: te muestran un librito, te lo vas aprendiendo de memoria y vas ubicando las letras. Traté de no hacerlo con mi hija, porque la verdad es que la pasé mal, llegué a aburrirme mucho. Como en esas películas o series norteamericanas donde el alumno es promovido de curso por saber mucho más que el resto, Miriam adelantó el primer año de la primaria, luego de que una maestra le tomara un test de inteligencia. Fue algo traumático que después vi en terapia. Hasta tercer año de la secundaria fui la mejor alumna, pero ahí me llevé todas las materias. Le divierte recordar que sus problemas escolares siempre estuvieron relacionados con la “mala conducta”. Me la pasaba hablando, pero hay que tener en cuenta que era otro momento de la educación. Toda la primera parte de mi formación fue en dictadura, hasta que vino el peronismo. Por ejemplo, a los siete años me pusieron un chupete y me mandaron a caminar por el patio del colegio a ver si me daba vergüenza y dejaba de hablar, hasta llegaron a ponerme cinta scotch en la boca como castigo.

A medida que desciende en las profundidades de su memoria, el salón se oscurece. Una luz cenital cae sobre su cabeza y ella está subida a un escenario haciendo una especie de stand-up, un poco de catarsis. Si no fuera por el hecho evidente de no ser una mujer que disfrute la exposición, tranquilamente podría haberse dedicado a la comedia: A la edad de 11 años me desarrollé. Era muy chiquita cuando me crecieron las tetas, eran exactamente las mismas que tengo ahora ¡pero a los 11…! Fue un trauma, la gente no me miraba a los ojos. Era un enano, no iba a crecer mucho más. Cuando me hacían correr en gimnasia, se me movían para todos lados, encima de que ya era pésima con cualquier ejercicio. Hasta llegué a averiguar para hacerme una reducción… menos mal que el médico era piola y me dijo que espere unos años antes de tomar una decisión así. Pero la música resultó ser una vía de escape para Miriam. Aunque admite con muchísima gracia que era fanática de la mersada en la tierna edad de la pre-pubertad, luego descubrió un mundo que cambiaría su relación con este arte para siempre: Ricardo era una especie de primo un par de años mayor que yo, que empezó a estudiar batería y me acercó unos discos “rarísimos” que tenía que escuchar. Sui Generis y los Rolling Stones estaban entre ellos. Este momento resultó clave en mi afán por comprarme cuanto disco podía, teniendo en cuenta las circunstancias de una adolescente en la década del sesenta, en Solano. Mi abuelo  me daba plata todos los meses para que yo me comprara discos. En mi casa había un combinado, de esos que ahora se venden en los mercados de pulgas, que eran unos mamotretos enormes. Ahí cambió totalmente toda mi formación musical. Yo no llegué a ver El Año Sui Generis2  porque era muy chica todavía, tenía doce y no me quisieron llevar, pero sí mi primer show fue de Nito Mestre en el teatro Estrella. Mis viejos me llevaron, se fueron a comer pizza y me esperaron hasta que terminó. De golpe frena el relato, se ríe, y agrega: la vestimenta de Nito Mestre que adopté me salvó la vida. Fundamentalista del enterito y las toppers de colores, su look fue muy similar a lo que después se conoció como rollinga, su válvula de escape al cuerpo que la incomodaba, a sus “enormes tetas”, al ojo atento y en extremo crítico de la sociedad. A los 14 años y con una inquietud incontenible, empezó a viajar los fines de semana a Capital, mientras paraba en la casa de sus tíos. Para mis 15 hicimos  un asado en casa. Unos meses después mi abuela murió. Ella venía del campo y su alimentación estaba muy basada en las grasas, jamás se cuidó ni se hizo estudios generales. Tenía 63 años, fue la primera pérdida importante en mi vida. Ahí fue cuando mi papá decidió que nos íbamos a vivir a Capital.

La adolescencia y la dictadura

Dentro de la familia tradicional de descendencia italiana en la que Miriam creció, siempre encontró las formas de estimular y saciar su innata avidez por conocer el mundo que la rodeaba. Hice primero y segundo año todavía con el gobierno peronista. Tuve un profesor de literatura que me marcó para siempre, porque fue él quien me introdujo a la lectura de Cortázar, Francisco de Quevedo, Borges, Edgard Allan Poe, entre otros. Yo siempre leí mucho pero en mi familia no era costumbre. Ellos leían Radiolandia3  , o sea que nunca fue una casa donde hubiera libros. Sin embargo, uno de los tíos con los que yo frecuentaba en Capital era amigo del nieto del dueño de Editorial Sudamericana. Tenía esas famosas bibliotecas repletas de cualquier cosa que se te ocurra. Ahí leí por primera vez a Simone de Beauvoir. En la adolescencia es muy importante que proyectes y desees, sino de entrada tu techo es muy bajo y después cuesta mucho remontar.

El 24 de marzo de 1976, a Miriam se le prohibió ir al colegio. Su padre entró en su habitación y le preguntó qué libros y qué discos tenía. El Che, Mick Jagger y Nito Mestre ardieron en una fogata cargada de 14 años de inocencia. La vida, tal y como la conocía, no volvería a ser la misma.

El colegio cambió: a mi maestra de segundo grado, por ejemplo, le pusieron una bomba.  Dejamos de ver compañeros, nos hacían arrodillar para ver el largo del delantal, nos cambiaron todos los profesores. A la vuelta de lo de mi abuela había una “casa del pueblo” donde dejaban cadáveres durante unos días como para que la gente vea lo que estaba pasando. Jamás me voy a olvidar cuando cortaron la cuadra de mi casa. Nosotros vivíamos a la mitad. Estaba lleno de militares con ametralladoras. Nos entraron a revisar y lo maravilloso de todo fue que mi mamá les pidió que se pusieran los patines. Mi familia entera siempre fue peronista. Ellos no hablaban con nosotros por miedo a que nos hiciera mal, pero sabíamos que se estaban llevando a nuestros vecinos. A un primo lo picanearon hasta dejarlo estéril. Fue horrible. Ahí empezamos a movernos en nuestros primeros pasos militantes.

En 1977 Miriam repite el tercer año de la secundaria por lo que es cambiada a un colegio de monjas exclusivo de señoritas. No entendía nada. Aguanté tres meses hasta que una mañana les dije a mis papás que iba a empezar a trabajar y abandonaría la escuela. Ahí me sentó mi viejo y me dijo “mirá querida, yo te voy a decir algo: vos podrás llegar a tener 28 años, pero el secundario lo vas a terminar. No hay posibilidades de que vayas a trabajar a los quince.” Advertida y enterada, en 1978 hace el siguiente año en el Normal 4, donde conoce a Roxana Barone, la hija de Orlando4 , con quien aún comparte amistad. Al final fui a un colegio donde iban todos los repetidores, el José Manuel Estrada, donde egresé en 1980. En marzo de 1983 hace su ingreso a la Universidad Nacional de Buenos Aires, en la carrera de Psicología. Años más tarde, esa época de mi  vida fue material de largas sesiones de terapia. Y da vuelta los ojos para atrás riéndose, como si todavía tuviera un espíritu adolescente rebelde agazapado, esperando el momento justo para salir a la luz.

La  juventud y la democracia

Conocí a Gustavo a mis 19 años. Él era estudiante de psicología y me llevaba un año. Era un nerd importante, ahora es docente universitario y mi ex marido. Nos casamos en el ´85. Ese año hubo cinco casamientos en dos meses de toda gente amiga de edad similar, entre los veintipico. Ninguno de nosotros tuvo hijos, yo si a esa edad me quedaba embarazada me suicidaba. Todos terminamos separándonos. En realidad lo que necesitábamos era aire, todo lo hacíamos para irnos. Con Gustavo éramos muy amigos y nuestra casa era un aguantadero para los que no tenían dónde dormir. Me casé sólo esa vez y fue para darle el gusto a mi papá. Para él era importante entrar a la iglesia con su única hija mujer. Nosotros éramos completamente ateos. A mí por jurisdicción me tocaba la iglesia que está en Pueyrredón y Santa Fe, donde se daba la misa en latín, así que pedí cambio de diócesis y  de sector. Fuimos a hablar con el padre Pablo -que era montonero y vivía en Vicente López- y nos casamos al mediodía. Fue una ceremonia hermosa, entramos con la voz de Nacha Guevara haciendo un poema de Benedetti y estaban todos nuestros amigos cantando por los derechos humanos, fue realmente hermoso. Mi suegra estudiaba diseño de alta moda, así que me hizo un vestido blanco. Fue todo a las once de la mañana. A la noche hicimos la fiesta en el local de militancia y comimos choripanes.

El primer trabajo que Miriam tuvo se lo consiguió su padre, y fue en una empresa llamada Induvial, en 1981, una semana después de terminar el colegio. Mis papás estaban muy preocupados porque yo generara mi propio dinero, ellos siempre me habían dicho que me iban a mantener hasta terminado el secundario. Después me pagaron un curso para estudiar programación RPG2 en IBM. Un disparate. Toda la gente ahí tenía entre treinta y cuarenta años. Nunca pude entender en qué idioma hablaban, para mí era un universo paralelo. Se suponía que yo fuera Bill Gates, así que me recibí del curso. Al año renuncié a Induvial y entré a trabajar a Parker, a la semana de irme. Tenía 20 años. –¿Les molesta si me fumo un pucho, chicas?– Nos pregunta y se estira para agarrar el atado de Lucky de la punta de la mesa. Mientras fuma en el balcón, apoyada sobre un brazo en la paredcita que le lleva unos centímetros arriba de la cintura, se muestra más como ella misma que nunca: jamás volví a casarme, le tengo fobia a los papeles ¿Viste que hay muchas parejas que conviven felizmente y se llevan re bien? Bueno, yo no nací para eso. Con Gustavo nos separamos en el ´87, bien, sin problemas. Nos turnábamos para vivir quince días cada uno en el departamento. Después seguimos con nuestras vidas, él se alquiló su lugar solo y yo me fui a vivir con amigos. En el año 1988 la inflación ya sacude a toda la Argentina. A Miriam la despiden de Parker sin justificación y consigue un trabajo como cobradora en una empresa de almacenes ópticos.

Gracias a ese puesto puede terminar la facultad, ya que no sólo le permite mantenerse, sino que aprovecha los viajes en micro para poder estudiar. Viví muchos años con mi mejor amiga, Claudia Casabá -psicóloga también- a quien conocí militando. La madre le  compró una casa así que no pagábamos alquiler. Hacíamos todo juntas. Nos gustaba la misma música, éramos simbióticas, nos vestíamos iguales y llegamos a convivir hasta el ´96. En 1983 da sus primeros pasos fuertes apoyando la campaña para Diputado de Augusto Conte Mac Donell5 . Si bien  el peronismo quiere coptarla para sus filas, ella entra a militar en la Juventud Intransigente para luego formar parte de la fundación de la Comisión de Derechos Humanos. La decadencia de los militares después de Malvinas es inminente, y aquellos que estaban exiliados comienzan a volver. Esta etapa fue clave en la producción intelectual. Había gente como Eliseo Verón6  y Zaffaroni7 ,inaugurando una corriente de semántica y semiótica de la cual nosotros no sabíamos nada. La facultad se volvió aún más militante, y yo agradezco mucho porque agarré los mejores años. Todos venían del exilio con ideas nuevas, era fascinante y novedoso. A alguna clase hasta ha venido Fogwill8 como invitado. Fueron unos años divinos en los que hacíamos fiestas todos los fines de semana y todo estaba muy impregnado de erotismo y sexualidad…razón por la cual tardé en recibirme -me dice con una sonrisa entre abierta-.

Los profesión

Si se googlea el nombre de Miriam Maidana se encuentran vastas referencias a sus años transcurridos en radios como Rock & Pop y La Rocka. Nostálgicos amantes de la adrenalina del aire, del desenfado de principio de los ´90 y sus conductores estrella, citan anécdotas que la involucran a ella y a Jooey Ramone, recitales de Massacre y hasta un show en la cárcel de Olmos. La historia de cómo llega hasta allí, me la cuenta muy suelta de cuerpo. Todo cuanto creo maravilloso y emocionante, lo expresa como un grato recuerdo, un momento de su vida que fue bueno mientras duró, pero que no la define ni la mitad de lo que su profesión actual lo hace: Viendo la tele un día enganché Feliz Domingo9 . Resulta que los chicos para viajar competían no sólo entre ellos, sino también con sus padres, como en una especie de homenaje a la familia. Uno de estos padres tuvo un infarto en vivo y el editor cortó esa parte y lo repitió como cuatro horas seguidas. A mí me pareció indignante y decidí escribirle una carta al Ruso Verea10   denunciando el episodio del programa de viajes de egresados. Él la leyó al aire y la carta explotó. A la semana me llamó la mujer del Ruso, Cristina, que era la productora en ese momento, para preguntarme si quería escribir. La chica que estaba antes se había ido y querían desarrollar una literatura más erótica, así que ahí empecé. Más adelante, pasé a ocupar el puesto de productora artística  del programa, y empecé al mismo tiempo a trabajar con Jorge Lanata. Nosotros terminábamos de hacer el programa y el Ruso se tiraba un colchón y dormía hasta las seis que volvía a arrancar. Además estaba haciendo televisión. Un día me dijo que me quería pagar un sueldo que superara lo que yo ganaba como psicóloga, y ahí me dí cuenta de que lo tenía que dejar. Yo sabía que periodista no quería ser, que lo que habíamos hecho había sido algo muy lindo porque había sido creado entre amigos. En La Heavy se unió un grupo muy raro y muy preparado. Yo entré en marzo del ´92 y me fui en diciembre del ´95 y después, desde septiembre del ´96 hasta diciembre del ´97 estuve en La Rocka. En el tiempo que fui voluntaria en el programa de Caparrós y Dorio que se llamaba Sueño de Una Noche de Verano, llegué a dormir poco más de dos horas por día. El tema es que yo ya me había recibido y trabajaba como psicóloga. Primero era acompañante terapéutica en una clínica psiquiátrica y después de ahí me iba a trabajar con adolescentes mujeres menores de 18 años que no podían vivir con sus familias por casos de violencia y abuso. Eso fue marcando lo que después decidí que  fuera mi especialización. Tenía treinta años. Es en este momento cuando Miriam hace un “parate” y explica que para ella la estabilidad económica es una prioridad –como para la mayoría de los humanos que vivimos en sociedad- pero diferenciando lo que puede dar una carrera como el periodismo, en contraposición con la psicología, su disciplina madre. Yo siempre tuve muy en claro que primero tenés que conservar dónde vivir y asegurarte de poder comer. Una vez que tenés cubierta esa parte, el resto vendrá por añadidura.

La adultez y la maternidad

La crisis del 2001 encontró a Miriam haciendo algunos trabajos de psicología y permaneciendo en el ámbito de la computación. De hecho, fue gracias a la incipiente tecnología de comienzo de milenio que conoció a Hugo, el padre de su hija. Sorprende (y no tanto) el dominio que tiene sobre sus historias para, por ejemplo, detallarlas y teletransportar a su interlocutor al tiempo y espacio que desea, y otras sobrevolarlas, transformarlas en meras anécdotas, reducirlas a acontecimientos con fechas, un principio y un final, así sin más. Con él fue todo muy rápido. Nos conocimos cuando vino a arreglarme la computadora  -el viejo truco- y pronto nos dimos cuenta de que éramos los dos muy adictos a Internet y nos pasábamos horas chateando;  yo estaba fascinada. En Semana Santa del 2002 quedé embarazada. Siempre supe que iba a tener un hijo –recalca- uno solo. Me quedé embarazada contra toda posibilidad lógica: tenía 39 años y me estaba cuidando… ¡eso es a lo que yo llamo deseo biológico! Hugo me caía bien, me parecía que iba a ser un buen padre. A los dos meses se vino a vivir al departamento y como el contrato se me vencía, alquilamos otro y nos fuimos a vivir los tres. El inconmensurable amor que profesa por el barrio, aquel que pude identificar a minutos nomás de conocerla, se le vuelve a salir por los poros al hablar de mudanzas y dejando en segundo plano aquella historia que la llevó a ser madre por primera y única vez: desde hace dieciséis años que vivo en el mismo radio de cinco cuadras. Me mudé tres veces pero siempre por en la zona. Almagro es mi lugar en el mundo. Acá me voy a morir, eso está claro. El 23 de diciembre del 2002 nace Camila, con nueve meses y por cesárea. Tuve un embarazo perfecto, sin dolores ni traumas. Sin embargo, su cara se tiñe de una leve oscuridad cuando recuerda el día anterior a dar a luz: la muerte de Joe Strammer me marcó profundamente. Para mí él no sólo fue mi músico favorito de todos los tiempos, sino que supo acompañarme durante casi toda mi vida hasta ese momento.
Una vez concluida su licencia por maternidad comienza a buscar especializaciones para su profesión. Lo que quería era salirme de los trabajos que tenía y dedicarme por completo a la psicología, así que me anoté en el postgrado de Patologías del Consumo en el 2003. Desde el 2004 trabaja para Alicia Dondi, Directora de Postgrado de la Universidad Nacional de Buenos Aires, y ejerció su profesión para el Gobierno de la Ciudad hasta que se hizo efectiva su planta de salud en Provincia, donde hoy trabaja como psicóloga. Soy docente regular en la UBA; psicóloga de planta en el Ministerio de Salud de la Provincia, y ejerzo todos los días en mi consultorio. Trabajo un montón de horas al día y soy muy noctámbula. Vivo en un edificio donde de noche hay un silencio total y puedo boludear, crear, escribir. Las notas que hace para las revistas digitales con las que colabora las entrega y/o elabora siempre a la madrugada. Es un bicho de ciudad, de esos que se encienden cuando por fin todo calla. Se mueve en las comodidades de su hogar como un pez en el agua pasada la medianoche. Confiesa que si no fuera por el estricto horario hospitalario con el que debe cumplir todas las mañanas, o por la cantidad de trámites engorrosos que les hace a sus padres en obras sociales, se daría el lujo de acostarse mucho más tarde de lo que puede en el cotidiano de sus días.

La maternidad

Aunque yo sepa de ante mano –no sólo como mujer sino como profesional- que mi hija va a atravesar procesos de crisis lógicos de la adolescencia, no existe manera de estar preparado. Estoy en contacto a diario con chicas de su edad con trastornos alimenticios, noviazgos violentos, cortes en el cuerpo y adicciones de todo tipo, y uno de mis trabajos es interiorizarme en todo ello, procurar no desesperarme y que el miedo no me invada.

Como madre moderna, militante, profesional y trabajadora, Miriam lucha todos los días para congeniar todos los aspectos de su vida. Ser psicóloga puede parecer para muchos un atajo, una forma de adelantarse a lo que vendrá, pero ella asegura que nada está más lejos de esta creencia popular que la realidad. Se ríe y admite que ser hija suya no es tarea sencilla, y que a menudo la encuentra parecida a sí misma. A mi hija nunca le gustaron las princesas, es más, coleccionaba cartas de Dragon Ball. Para nosotros es habitual, pero para el mundo es algo raro. A los tres meses y quince días la mandamos a jardín maternal. Todos me decían que no me iba a poder desprender, pero lo pude hacer perfectamente. Me iba a trabajar y después la iba a buscar. Nunca quise que la criaran mis viejos, o una mujer X; creo firmemente en que cada uno debe ocupar el rol que le corresponde en la vida del otro. Además Camila fue una hija muy deseada, la única que quise tener.

Con Hugo nos separamos después de 15 años, en 2014. Nos agotamos el uno del otro, no hubo ningún episodio en particular. Camila ya está más grande, tiene mucha vida social, y yo en casa no tengo drama de que reciba a quien quiera. Hay un colchón inflable de dos plazas y una casa bien grande para los que se quieran quedar a dormir. Eso lo aprendí de mi vieja, a ella nunca le molestó que vinieran amigos a casa. A mí la maternidad me potenció enormemente.

La actualidad

Me volví a enamorar de mí y a ser independiente. Estoy haciendo un doctorado y puedo anotarme en los cursos que se me ocurran a la hora que quiera sin tener que consultarle a nadie. El año pasado, por ejemplo, hice el taller de Cristian Alarcón y encontré un grupo muy lindo. Miriam está convencida de que para que la mujer se realice, ser madre no es una ecuación sine qua non. Su opinión no sólo posee el sustento lógico de una profesional de la psicología, sino que también coincide con la forma de vida que ella ha ido construyendo con el paso de los años, con una impecable coherencia. Para el psicoanálisis la incompletitud es una condición. Nosotros trabajamos con la falta, entonces en ese punto, lo complicado es cuando un hijo llega como un tapón.

Yo pienso a las cosas en un tiempo. La pareja, para mí, no es algo para siempre, ni tampoco tengo a mis mejores amigos desde siempre. Lo único permanente es mi hija. Además a mí no me interesa en lo más mínimo chatear ni el levante virtual de los que te agregan y te quieren chamullar. No tengo puesta la mirada ahí. El tema es que yo no  vivo la soledad como un peso, como sí capaz lo puede vivir alguien que no tuvo la posibilidad de la experiencia. Yo me la pasé de novia, en pareja, comprometida, conviviendo. Ahora tengo el derecho a vivir como quiero. Me llevo bien conmigo sola y nunca entro en depresión por la soledad.  A mí dame una computadora, unos libros y un café y mi vida es magnífica

Aclaración: Miriam aceptó mi invitación a entrevistarla, sin haberme visto jamás en persona. Nosotras mantuvimos una relación de amistad virtual durante años vía facebook. El día que decidí hacer ROSACHINA le escribí. Quería que ella la inaugurara. Miriam, sin tener idea de cómo sería el producto final, nos abrió a mí y a la fotógrafa las puertas de su vida e intimidad en cuatro horas de entrevista y reiterados pedidos míos on line de todo tipo, incluso hasta días antes de publicada esta nota.

Cinco canciones que marcaron su adolescencia.

Cinco canciones para ser libre.

Cinco mejores discos de su vida.

  1. Ubicada en la esquina de Medrano y Rivadavia, a sólo 4 Km. de Plaza de Mayo, se instaló una confitería, con doradas arañas y mármoles italianos un 21 de Septiembre de 1884. El ministro Carlos Pellegrini, luego presidente del país, se hizo presente transportado por un tranvía especial acompañado por muchos de sus distinguidos amigos. Sus mesas fueron lugar de encuentro de artistas y escritores, entre ellos Roberto Arlt, y políticos de la época. Alrededor de la década de 1920 se construyó el actual edificio. Con sus vidrieras y puertas de vidrios curvos, sus vitrales franceses y sus pisos de mármol italiano. Los vitrales restaurados fueron concebidos para adornar y alegrar el ambiente de un café de aquellos tiempos, donde la gente iba a pasar momentos de esparcimiento en un ámbito selecto. El edificio fue declarado “Lugar histórico de la Ciudad” en 1998 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Fuente: www.lasvioletas.com
  2. Adiós Sui Generis es la grabación de uno de los recitales más importantes de la historia del rock argentino. Es un disco en vivo grabado en Buenos Aires, Argentina, en el marco del concierto de despedida de la ya entonces banda (y no dúo) Sui Generis (Charly García, Nito Mestre, Rinaldo Rafanelli y Juan Rodríguez). El conjunto musical ya se encontraba hastiado por las críticas, la monotonía de los fans que les pedían los viejos temas, y la censura. Ante esta situación, decidieron grabar un último disco, Ha sido, que nunca finalizaron, terminando con un recital de despedida. Fuente: wikipedia
  3. El semanario Radiolandia comienza a aparecer todos los sábados desde que en 1934 su editor propietario, Julio Korn, decidiera retitular con ese nombre la publicación que había fundado unos años antes como La Canción Moderna. Lo que había comenzado siendo la iniciativa de un joven aprendiz de tipógrafo que a los 15 años obtuviera gracias a un préstamo su primera máquina impresora, en la década del cuarenta llega a ser, con una tirada de 450.000 ejemplares, un éxito de ventas. Radiolandia es una publicación de bajo costo dedicada a cubrir las actividades del mundo artístico local con ninguna otra pretensión que la de entretener. Fuente: Universidad Nacional de San Martín UNSAM, Centro de Estudiantes de Historia Política.
  4. Orlando Barone: 5 de octubre de 1937, La Boca, Buenos Aires. Periodista y Escritor. Tiene una trayectoria de más de cincuenta años en los medios de comunicación, especialmente en la prensa escrita. Obtuvo el premio literario La Nación en el género ficción; fue finalista del Premio Plaza y Janés, en España. Es autor del libro Diálogo Borges-Sabato. Fuente: wikipedia
  5. Augusto Conte: dirigente del Partido Demócrata Cristiano de centro, hasta que el 7 de julio de 1976 desapareció su hijo Augusto María Conte Mac Donell. La lucha por conocer el destino de su hijo llevó al doctor Conte a convertirse en un líder de los derechos humanos. Enfrentó todas las adversidades durante años, hasta que, abrumado por leyes que dejaron asesinos y otros criminales libres de castigo, decidió ir a reunirse con su hijo y se suicidó en 1992. Fuente: wikipedia
  6. Eliseo Verón: Buenos Aires, 12 de junio de 1935- 15 de abril de 2014. Semiólogo, sociólogo y antropólogo. Ha publicado desde 1968 libros sobre sociología, psicología social, comunicación y semiótica, influido en un primer período por el estructuralismo de Claude Lévi-Strauss y la teoría del signo de Ferdinand de Saussure (modelo binario) y luego por el pensamiento de Charles Sanders Peirce (modelo ternario), en quien se basó para desarrollar su teoría de la semiosis social (1988). Fuente: wikipedia
  7. Eugenio Raúl Zaffaroni: Buenos Aires, 7 de enero de 1940. Juez, jurista y criminólogo argentino graduado de abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en 1962, que obtuvo el doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales en la Universidad Nacional del Litoral en 1964. En el área doctrinaria se destacó por sus aportes a la teoría del delito desde la concepción finalista. Fue juez penal, convencional constituyente de la Nación, legislador de la Ciudad de Buenos Aires e interventor del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Entre 2003 y 2014 fue miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Desde 2016 se desempeña como miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Fuente: wikipedia
  8. Rodolfo Enrique Fogwill: nació en Quilmes, Buenos Aires, el 15 de julio de 1941. Obtuvo la licenciatura en Sociología en la Universidad de Buenos Aires donde se desempeñó como profesor titular. En 1979 creó la editorial Tierra Baldía donde publicó las obras de los escritores Osvaldo y Leónidas Lamborghini, y “Austria-Hungría”, los poemas de Néstor Perlongher y también su propio libro de poemas El efecto de realidad. En 1982 la Editorial de la Universidad de Belgrano publicó su libro de cuentos Música japonesa. Pero fue en 1992, con la publicación de Muchacha punk que empezó su fama como narrador. Trabajó también como empresario de la publicidad y el marketing, donde alcanzó cierto renombre.
    En 2003 recibió la prestigiosa beca Guggenheim y en 2004 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su novela Vivir Afuera.
    El 21 de agosto de 2010, Fogwill falleció como causa de un enfisema pulmonar. Fuente: https://www.escritores.org/biografias/3057-fogwill-rodolfo
  9. o Feliz Domingo Para La Juventud fue un programa de televisión argentino, emitido por Canal 9 en las décadas de 1970, 1980, 1990 y posteriormente durante 2005. Estaba conducido originalmente por Silvio Soldán. Fue uno de los programas pioneros y más recordados del canal. Allí jugaban dos tribunas (de colores verde y roja), que a lo largo del programa competían en diversos juegos para llegar al momento de “El Cofre de la Felicidad” (que consistía en que aproximadamente 30 chicos elijieran una llave por persona e intentaran abrir un cofre de vidrio para ganar el viaje de egresados a Bariloche).
    Durante los juegos el equipo que ganaba recibía puntos, mientras que el otro tenía que hacer llamados a familiares para que éstos jueguen telefónicamente y ayudar a los que perdían a sumar puntos. Fuente: wikipedia
  10. Norberto “Ruso” Verea: Gerli, provincia de Buenos Aires, 8 de febrero de 1957. Ex-arquero de fútbol, periodista deportivo, entrenador y conductor radial. En 1990 -según sus propias palabras, de manera casual- es convocado para conducir un programa de heavy metal (una de sus pasiones) por la FM Rock & Pop, llamado “Heavy, Rock & Pop”, ciclo que rápidamente se coloca líder en su horario de la medianoche, en donde acuñó la celebre frase “lo hacemos todos los que lo hacemos mas uno que nos ilumina desde arriba” en cada cierre de emisión y por el cual pasaron grandes nombres internacionales ligados al metal y al punk.

Escritores favoritos y pequeños fragmentos de ellos

  • Julio Cortázar, Simone de Beauvoir y Jack Kerouac.
  • De Cortázar: “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.
  • De Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”.
  • De Kerouac no retengo una frase, pero las páginas iniciales de OnThe Road, donde narra el viaje como polizones en el tren me parece la idea más grande de libertad y juventud que me acompaña siempre.

Ser madre: lo mejor y lo peor

  • Disfruto: todo. Me gusta ser mamá, tener una hija, acompañar sus etapas y verla crecer. Somos muy compañeras, siempre lo fuimos. Junto con mi profesión, es de lo que más me gusta en la vida.
  • Lo que menos me gusta: no tiene que ver con Camila, sino con la época: el miedo a que le pase algo.

Superstición, si o no

No cargo objetos, salvo los cotidianos (celular, los indispensables anteojos, siempre algo para anotar, billetera, pastillas de mentol) y no por superstición, aunque si tengo mis tips: no paso el salero en la mano, cuando paso por una funeraria o se cruza un auto fúnebre hago cuernitos, detesto que se me cruce un gato negro y los 29 de cada mes en mi casa cenamos ñoquis y ponemos dinero debajo del plato. Son enseñanzas que me pegó mi abuela paterna, que sigo teniendo y que divierten mucho a mi hija!

 

Estación del año favorita

Invierno! Mi teoría es que el frío se combate, el calor se padece. Me gusta mucho además usar poleras, tapados, borcegos, soy feliz en invierno!

 

*Miriam ha publicado en Caras y Caretas, Revista Haroldo, Periódico VAS, libros de Psicología y artículos con referato internacional sobre investigación. Desde hace cinco años coordina el Programa de Atención a Embarazadas y Madres usuarias de sustancias psicoactivas en el Hospital Materno Infantil “Eduardo A. Oller” de Quilmes. Atiende también a adolescentes en conflicto con la Ley Penal y adolescentes con problemáticas severas (cortes, adicciones, trastornos alimentarios, violencia). Ir a Programa de atención a Usuarias de Sustancias .

 

 

 

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