LULÚ MARTINS

Es un húmedo domingo invernal en Buenos Aires. La niebla, que insiste en permanecer aún entrada la mañana, nos regala un ambiente cargado de misticismo. Lulú nos recibe en su hogar; es amable y un poco distante. De polera, falda plisada a la rodilla y probando los zapatos rojos de su nueva colección, luce impecable y con un dejo de nostalgia. La percibo etérea, casi como si se deslizara bajo sus techos altos, para atravesar la puerta que divide los ambientes hasta llegar al taller. Invadido de detalles, la sigo y me pierdo entre los estantes de libros antiguos, juguetes importados, recortes de revistas, dibujos y moldes. Ella se incomoda ante lo que considera un completo desorden: limpia, endereza y junta retazos. El silencio de un barrio en los suburbios, aguza la percepción de las cosas usualmente imperceptibles, y con ellas mi poder de observación. Por las ventanas se proyectan sombras que se cuelan desde el jardín que rodea a la casa, ramas fantasmagóricas arrasadas por las heladas matutinas que van perdiendo dramatismo a medida que se acerca el mediodía.

 

Al comenzar una entrevista, primero repaso los datos biográficos básicos con la persona en cuestión de forma casi automática y rutinaria (edad, lugar de origen, familia más cercana, etc). Me da la ilusión de tener lo esencial cubierto, de proporcionarle al lector datos que creía (hasta este día) imprescindibles para el conocimiento base de un personaje. Es así que le hago la primera pregunta a Lulú sobre su fecha exacta de nacimiento, antes de sumergirnos en el mundo de su arte, pero ella enseguida me contesta la gente hace mucho hincapié en la edad, creo que no es importante y que nadie debería encasillarse por ello. “Diseñadores menores de”, “Emprendedoras mayores de” ¿qué es eso? No me gusta para nada, creo que te limita. Además, en las notas se suele hacer hincapié en las mujeres, se posa la lupa sobre nosotras mucho más que en los hombres, y la edad es un factor clave que se manipula. Sorprendida gratamente (no sólo por estar conociendo a una mujer de opiniones firmes, sino por el hecho de hacerme replantear cuestiones de redacción periodística para mí inamovibles) la oigo continuar: con las modelos pasa lo mismo, los que consumen moda ven a una chica que te dicen que es de 25, y la joda es que tiene 14. Te imponen que te sientas mal por compararte con algo que es irreal, inalcanzable.

Este preámbulo me parece -como mínimo- interesante, es que Luciana habla mucho acerca de sí misma sin necesidad de explicar nada. Las reservas en cuanto a su vida íntima se conjugan con determinación a la hora de expresar sus creencias, sin pedir disculpas por ello.

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El teléfono de la casa suena y Lulú mantiene lo que puedo entender como una cálida charla en portugués con alguien muy cercano. Al cortar nos pide disculpas por la interrupción y retoma la conversación mientras se pone a batir café para las tres: mis viejos se conocieron en una playa de Brasil, en un verano de la década del ´80 y al año siguiente se casaron. Mamá es de San Pablo, papá es argentino. La familia quedó repartida. A las dos semanas que nací se vinieron a vivir acá. Ella es médica, él es químico. Ninguno de los dos ejerce más, ahora se dedican a ayudarme con la marca. ¡BUM! Misterio develado. Desde que éramos muy chiquitas mi viejo nos estimuló -a mi hermana y a mí- a conocer de biología y química, y aún hoy me encanta ese mundo. Me armó un laboratorio en el garage donde tenía mi terrario. Allí sintetizaba la clorofila, hacía pigmento verde (no sé para qué), perfume con la planta del jazmín, tinturas, de todo. Me pasaba el día metida ahí con los bichos, o jugando a las muñecas que yo misma me armaba. Hoy en día no le daría ni loca una Barbie a mi hija (si tuviera) pero en ese momento me encantaba y armaba el bus con una caja de zapatos, la casa, lo que fuera. Cualquier cosa que quería, si no me lo podían dar, me lo hacía yo.

A los 15 pensé en estudiar medicina, sobre todo porque admiraba mucho a mi vieja. Por momentos hasta pensé en Médicos sin Fronteras, así que entré en el polimodal de Ciencias Naturales, para ver qué onda. Enseguida me dí cuenta de que nada tenía que ver conmigo. Lo genial es que en casa jamás me dijeron qué debía hacer. En realidad, desde chica tengo en claro que quiero vivir del diseño. Siempre amé bordar, coser y pintar con mi abuela y mi mamá. Ellas nos hacían la ropa, era algo normal en casa. Pero creo que la revelación la tuve cuando me compré la primera revista de moda. Con Vale tenemos una relación muy especial, hasta los 10 años mi hermana para mí era una bebé. Yo era muy adolescente y ella quería estar todo el día conmigo y mis amigas. Nosotras en la nuestra, hablando de chicos, le cerrábamos la puerta en la cara. Realmente empezamos a conectar en la época en que yo arranqué con la marca y ella hizo de modelo en las primeras campañas, como otras amigas. Éramos todas super amateur. Yo me compré una cámara con mis ahorros y como estaba tapada de cosas mi hermana empezó a usarla (hasta ese momento sacaba a rollo).  Ahí comenzó la explotación laboral. Lulú larga la carcajada y empezamos a entrar en confianza. Fue a sus 15. Cuando quiso acordar al otro año había empezado a trabajar de verdad con campañas pagas y todavía estaba en el colegio, un flash.

 

EL DISEÑO

Hice dos carreras -Textil e Indumentaria- en paralelo. Hay varias que se comparten, aunque de Textil me quedan un par más. Llegué casi al final de ambas, pero el año pasado mientras estaba cursando la Tesis, me cansé y dejé. Considero que la estética no debe ser cuestionable ¿quién dicta lo que es lindo o feo? ¿lo que está bien o mal? Como cuando me decían en la facultad que mi trabajo era cargado. Y sí, mi marca es super cargada. Y quizás una temporada soy muy barroca y la otra no tanto ¿qué necesidad hay de encasillarse?
La UBA tiene profesores excelentes y otros que dejan mucho que desear. Cuando tenés a las mismas personas a cargo por años y años en las cátedras, se termina enviciando el ambiente. Se deberían hacer concursos para darle oportunidad a gente nueva. Ahora tengo amigas que están cursando y van a ser docentes y creo que es la próxima generación que se viene la que va a cambiar las estructuras antiguas y obsoletas que aún hoy persisten.
El título de Diseñador de Indumentaria no me parece relevante a nivel laboral. Creo que es importante para aplicar a una beca o a un postgrado, pero no siempre es la vara con la que podés medir a alguien que se dedica a esto.
En cuanto al proceso creativo, creo que mi situación sentimental tiene mucho que ver, soy emocional cien por ciento a la hora de producir. Por cursi que suene, creo que mis mejores colecciones han sido cuando estaba enamorada. Son las que estallan solas. De igual manera, en las que más triste estuve. Las peores han sido en las que más tranquila me encontraba, o quizás las menos épicas.

INTERNACIONAL

A la hora de armar sus colecciones, Lulú no conoce de límites. Cuando se trata de bajar el universo que habita en su cabeza a las telas, ella lleva su imaginación a cualquier lugar del mundo que desea: Brasil, Inglaterra, Islandia, Rusia y Vietnam se encuentran en la lista de algunos de los países que le han servido no sólo de inspiración, sino también de locación.
A Islandia arreglé para ir en verano porque había visto que las temperaturas oscilaban entre los 12 y 17 grados, por lo que me pareció el mejor momento. El problema fue que cuando llegamos hacía un frío terrible, llovía y nevaba. Y bueno, tuvimos que ponerle el pecho a la situación. Por suerte la modelo era islandesa entonces para ella estaba todo bien, mientras, nosotros nos moríamos. El tema de descansar era complicado porque había luz casi todo el día. De hecho, cuando aterrizamos eran las tres de la mañana y dormimos en un lugar con cortinas simples, así que me daba el sol en la cara a casi toda hora. Por suerte al otro día encontramos el lugar que quería para hacer las fotos, aunque estaba a tres horas de distancia de nuestro hospedaje.
Una vez  que estas ahí ya no te sentís en la Tierra. La única vez que me pasó algo similar fue en Vietnam. Es muy surreal y te cuesta procesarlo porque sus paisajes son hipnotizantes.
De desarrollo de colección, Islandia (Life on Mars) es la mejor. Es la única en la que no me quejé; la sigo mirando y me sigue encantando. La otra es la de Asia (Indochine) y en cuestión de campaña la de Rusia, de hace tres años.
Monet in Traslation (Spring/Summer 19), es creada por Lulú, luego de viajar con su hermana y Josefina a la casa donde vivió el pintor en Giverny, Francia, por 43 años. La ruta del impresionismo las llevó por este mundo onírico, en el cual Valeria tomó las fotos y Josefina estampó sus interpretaciones como ilustradora de las obras más famosas del artista.
La marca es mía y de mamá, ella se ocupa de toda la parte administrativa, y Vale me ayuda muchísimo. Quien diseña la colección soy yo, y, aunque tenga la última palabra, las correcciones se van dando con mucha gente que tengo alrededor en la que confío plenamente.

EL LOCAL

Con Dani fuimos socias un tiempo, ella también tenía su marca así que nos juntamos. Las dos queríamos encontrar un local en palermo y un día que coincidimos en una junta de diseñadores, al salir decidimos rodar el barrio de pies a cabeza. No había nada, fue súper frustrante… hasta que unos días después LO vi en internet . Se pasaba bastante de nuestro presupuesto, pero cuando me dí cuenta de que ya lo conocía me volví loca:
Una mañana que tenía que ir a La Mercería, mamá me llevó y se quedó esperándome en Scalabrini Ortiz, mientras yo agarraba todo por Honduras. En un momento me llamó la atención una ventanita muy chiquita y pensé “Ay qué lindo ¡a ver!” y entré. Había una chica atendiendo, y al verme con la bolsa de donde dejaba la ropa en consignación, y me preguntó a qué me dedicaba. Nos pusimos a charlar y me dijo que tenía ese local hacía seis años y que confeccionaban prendas únicas, que lo que estaba ahí era todo lo que había. Pegamos buena onda, me dio una tarjetita y me fui. La verdad es que me olvidé y la tarjeta la perdí, pero la revelación que tuve cuando entendí que ése era el lugar no te puedo explicar. Le avisé a Dani y entramos en una sinergia mágica. Enseguida fuimos a la inmobiliaria a señar. Yo tenía 24 años. Y arrancamos. Todo lo hicimos nosotras a pulmón; la pintura, la decoración… todo lo que parecía imposible lo transformamos. Hoy Dani ya se abrió su local, y yo quedé acá con el de Palermo. Sabíamos que en algún momento iba a pasar, pero arrancamos juntas con un plazo preestablecido.

Yo creo que Argentina es el lugar ideal para vivir por cuestiones de clima, comida, diversidad cultural, etc. Su contraparte, en lo que a mí respecta, es tener un negocio con todos los sube y baja económicos que existen.Tenés que tener un nivel de tolerancia al stress muy alto. Me gustaría no tener que preocuparme tanto por cosas que no son diseñar, como el dólar, el aumento constante de todo los insumos y la inseguridad. Por ejemplo, el año pasado, justo un mes antes de que Dani se fuera, nos entraron al local y nos robaron todo..

LA IDENTIDAD

Uno de los aspectos que más me llaman la atención de Lulú es su capacidad de mantenerse diferente en un mundo donde la mayoría de las cosas lucen igual. Cuando siento que ya hemos sido consumidos por el gigante de internet que todo lo ve, replica y multiplica (y el pesimismo me invade), conozco a mujeres como ella que de alguna forma se las ingenian para permanecer fieles a sí mismas, casi como si no pertenecieran a este contexto común que nos traga, digiere, escupe y moldea a imagen y semejanza.

Entiendo que el show vende, pero a un público al que yo no estoy tan interesada en llegar. Si bien cuando estás manejando un comercio o una empresa (donde invertís y ganás plata de la cual pretendés vivir) sabés que hay cosas que quizás no disfrutes tanto, la verdad es que no me obligo a hacer nada que no tenga que ver conmigo. Con la gente de la moda yo no me relaciono, no voy a eventos prácticamente. Cuando entrás en el circo pasás a ser esa persona que va a esos lugares, y yo no encajo. Sería como “¿qué hace esta mina acá?” No me sentiría cómoda. Sí me siento cómoda en ambientes de arte, música, cine… donde la gente está (si se quiere) un poco más relajada.
Tengo la ropa que tengo y vivo con eso. Mi hermana es de comprar más, yo prefiero el vintage. Estoy en un momento de mi vida en querer hacer las cosas lo más sustentables posible. Si hay algo que me encanta lo compro, pero hasta ahí. Existe un consumo desenfrenado y soy de la creencia de que hay que comprar menos y mejor.
Generar moda 100% sustentable es difícil y caro, te limita mucho. También es difícil hacer que la gente entienda que lo que está pagando lo vale. En Europa se está avanzando, acá todavía estamos un poco atrasados. Por otro lado, tenés la producción ética que también es muy importante. Es necesario saber a qué talleres mandás a confeccionar tu ropa, averiguar un poco más. Cuando veo marcas escrachadas por trabajo esclavo, me quiero morir. La realidad es que perdés la cadena de producción si contratás, por ejemplo, a un taller de producto terminado. Como es tan difícil, elijo laburar con modistas que sé que hacen las cosas desde su casa. Ahora no tengo más alternativa que ampliarme. Tenía ganas de mantenerme como estaba, con una producción limitada, pero llegué a un punto en el que no me quedaba ropa colgada en el local. Los percheros estaban vacíos. La gente venía a comprar y no había nada de lo que querían. Hay quienes se vienen desde lejos a buscar una prenda y cuando no la encuentran se frustran. No tengo otra alternativa que pegar el salto, tengo que asumir nuevos riesgos. Yo siempre diseñé tres talles y diez vestidos, pero ya no va más.

Actualmente la marca hace envíos a todo el mundo, los talles se han multiplicado y la demanda no para de crecer.  

LULÚ Y JOSE

Exactamente cómo llegué hasta Lulú no recuerdo, lo que sí tengo muy presente es el impacto que me causó la marca cuando me zambullí en sus colecciones: naive, nostálgicas, conceptuales e incluso futuristas, imaginé a muchas mujeres distintas representadas: algunas viviendo en mundos fantásticos del espacio exterior, otras protagonistas glamorosas de una novela de Fitzgerald en la Riviera Francesa, aristocráticas bellezas detenidas perfectamente en el tiempo… todas eran dignas de admirar. En este camino, Josefina Vidal Díaz apareció de forma inevitable. Como autora de algunos de los estampados de la marca y modelo ocasional, enseguida supe que era una mujer a la que debía conocer. Hoy entiendo que una parte del mundo de Lulú que fui a descubrir, no estaría igual de completo sin su figura -y viceversa-; ustedes podrán juzgarlo por sí mismos cuando sean testigos de lo que experimentamos las dos tardes que compartimos con ella en el barrio de Belgrano.

Con Jose nos conocemos hace siete años. La primera vez que la ví tenía corte taza y flequillo, bien corto; yo al segundo le dije que me encantaba su pelo y las dos pegamos onda enseguida. Ella era amiga de un amigo de un amigo. Estudiaban todos juntos y ese día hicieron un té y me invitaron. Con ella supe desde el principio que íbamos a llevarnos bien, fue algo muy loco que no me pasa nunca (es que a medida que te vas haciendo grande te va costando cada vez más generar nuevos lazos que sean duraderos). Después le pedí que fuera modelo de mis primeras campañas. Durante un largo tiempo fue musa de mis colecciones. Ahora como ilustradora colaboró con la colección pasada y está colaborando con la actual. Lo hace cuando necesito y le pido. De hecho, cuando tenía mi blog personal me hizo un montón de dibujitos para cada posteo. Los artistas a los que más admiro, o que más interesantes me parecen sus trabajos, suelen ser los menos narcisistas, como ella. Bueno, ya la vas a conocer ¡es mucho más delirante que yo!

 

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Lo que me da mucha bronca es que se le mienta a la gente con ideales de belleza inexistentes (puro photoshop) que no hacen más que generar inseguridad en quienes lo consumen, ya que no pueden ser así en la vida real. Esto lo explica muy bien el filósofo coreano Byung-Chul Han, al cual conocí gracias a Jose, que está haciendo su tesis en base a sus libros. Uno de los que más me gustan es La Salvación de lo Bello, donde plantea esta necesidad de positividad para tapar la tristeza en la que vivimos, la cual no nos permite ver nada feo ni nada que haya que interpretar demasiado. Necesitamos cosas fáciles, agradables, rápidas y chatas, como el HD. Esto atrofia la capacidad de interpretar, por el caudal excesivo de información que te obnubila. Lo que él dice es que no se puede aceptar nada negativo en general por que es corta la comunicación. Estás viendo lindo, perfecto, brillante y de golpe ¡PUM! : un nene muriéndose en África. La gente no lo soporta, al igual que no soporta ver videos de animalitos muriéndose, porque no tolera ver de dónde sale la comida que ingiere todos los días. Que dejes fluir los sentimientos que más te lastiman y los atravieses te vuelve una persona mucho más fuerte. Yo siento que todos en general estamos muy desconectados de nosotros mismos. Aprender a usar la intuición, saber de antemano lo que va y lo que no, requiere de evitar las constantes distracciones. Antes, no hace muchos años, cuando todavía no había casi redes sociales, yo estaba más despierta a la señales y a los impulsos. Ahora estoy intentando recuperar un poco de eso. La astrología tiene que ver, siempre estuvo muy presente en mi vida, lo heredé de mis papás. Me doy cuenta de los niveles de veracidad que tiene basándome en hechos personales y ajenos. Funciona a muchos niveles energéticos relacionados con la luna, la gravedad, los movimientos de las placas tectónicas, las galaxias… todo eso condiciona la energía nuestra del día a día. Las cartas natales que les he hecho a algunos amigos han salido en un 80% tal cual ellos son. Después tenés las variables obvias que tienen que ver con la crianza y el ambiente donde se desarrolla la persona, que es lo que la moldea y la distingue. Lo hago como aficionada. Me he hecho compatibilidad con parejas que he tenido y siempre ha sido muy real. En cambio a dios no lo ví, no lo sentí nunca. Mis viejos son super ateos, para ellos la astrología es casi una matemática. No comparto el fanatismo de la religión, como así tampoco el de la astrología. Siento que uno puede creer en algo en un momento y un día despertarse y darse cuenta de que estaba en una matrix y todo esto era irreal. Qué sé yo. Cualquier cosa es posible…

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Lulú se presta a posar para nosotras en su jardín, antes de que nos vayamos a conocer a su mejor amiga al otro lado de la ciudad. Todo en ese enorme espacio verde que rodea la casa luce encantado; el clima es un poco más benévolo y nos permite utilizar la luz invernal del mediodía a nuestro favor. Si bien estar frente a una cámara (y a dos extrañas) no parece ser lo que más cómoda la hace sentir, al arrancar la sesión, nuestra protagonista se funde entera con la naturaleza que la corona y que la ha visto crecer.

De camino a la casa de Josefina, me pregunto cuáles serán los alcances de estas redes que como mujeres empezamos a tejer. Las evidentes están ahí para que las admire y aprenda de ellas, pero soy consciente de que otras se encuentran corriendo libres por los canales de la sororidad. Estas redes son las mismas que, eventualmente, pretendo que lleguen a todas ustedes, se resignifiquen, y algún día vuelvan a mí.