Claudia es Amasa Madre

Claudia es esa tía copada que siempre quisiste tener. No te reta si te agarra fumando, te da un consejo sabio desde la experiencia, desdramatiza lo que la mayoría de sus contemporáneos considera catastrófico, y a través de su cocina te transporta a una suerte de mundo mejor, uno más sencillo y natural.

Posee la capacidad de malcriar lo justo y necesario, de cuidar a los suyos sin excederse. Libre y despojada de cualquier apuro, maneja su cuenta @amasa.madre con la misma filosofía con que transita su vida. Considera que su éxito es vital gracias a sus seguidores, quienes esperan la nueva receta, sencilla y fácil, pero con la clave de lo hogareño y casero. Es que puede parecer -a simple vista- un éxito instagramero más, pero el Copyright que lleva su nombre empezó hace casi 30 años, con la necesidad de emprender, como forma de salir adelante en circunstancias adversas.

Los hogares retratan a sus habitantes de manera precisa, nunca se equivocan. Si uno está lo suficientemente atento no sólo a los detalles, sino al uso del espacio en su totalidad, podrá tener acceso directo a los recovecos más íntimos del alma del sujeto en cuestión. En la casa de Claudia, precisamente, nada está librado al azar. Luego de restaurar por completo el departamento en el cual nos recibió, lo decoró con cada una de las piezas que construyen su historia de vida. 

Dicho esto, pienso que la nota podría estar compuesta tan sólo de imágenes, y ustedes podrían por lo tanto, conocer su ADN casi sin necesidad de vernos en acción. Sin embargo, aquí les traigo las letras y el video que creamos de aquel hermoso día de febrero, cuando el coronavirus no era más que una noticia lejana. Deseo que esta pieza inunde de calidez sus espacios de refugio, y llegue a todos ustedes de forma acabada y hasta poética.

Nacida en un pequeño pueblo lindero al río de La Plata, nuestra protagonista se declara fan de la naturaleza y amante de la vida en calma. Luego de haberse visto nómada por la profesión de su padre durante su niñez y adolescencia, reconoce el esfuerzo que tuvo que hacer por encajar en nuevas ciudades, ambientes y espacios educativos. Desde Magdalena, pasando por Buenos Aires, San Martín de los Andes, Tandil y La Plata, los distintos escenarios de su vida la forjaron aventurera y versátil a la hora de adaptarse a los vientos de cambio.

¿De dónde viene tu pasión por cocinar?

Yo no tengo la típica herencia de la abuelita que cocinaba, no llegué a conocer a ninguna de las dos, pero lo que sí siempre tuve fue la enseñanza de la cocina vasca gracias a mi mamá que siguió manteniendo las costumbres directas de sus padres. En casa se puteaba en vasco, se cantaba el himno vasco, para los corsos de Magdalena nos disfrazaban con el atuendo típico de las festividades en Azpirotz, y mamá hacía muchas recetas vascas. No es que le encantase cocinar, es que tenía cinco hijos, y en esa época no había mucha más opción. A mí eso me quedó grabado para toda la vida, ella era simple y práctica. A todos nos encantaba comer, y, debo admitir, nuestro humor siempre estuvo regido por nuestro estómago. A papá le encantaba hacer dulces caseros y guisos de olla, y mamá hacía la comida de todos los días. 

¿Cuál es tu primer recuerdo cocinando?

En Magdalena, a mis dos años, rogué para que me dejaran acompañar a mi hermana Gabriela al colegio, que era mayor que yo. Ella empezaba el jardín de infantes, y como era un pueblo (y en esa época) me dejaron. La señorita nos puso a hacer galletitas a todos, y yo quedé fascinada. Después, en San Martín de los Andes, es donde tengo mi primer recuerdo más autónomo cocinando, como a los 7 años, mientras mamá dormía la siesta. Hacía recetas con el libro de Doña Petrona para sorprenderla cuando se levantaba. 

La cocina como aliada: terapia y sustento

¿Cómo surgió @amasa.madre?

Con mis compañeras de colegio y egresadas de Magdalena tenemos un grupo de whatsapp, en el cual estamos siempre conectadas. Un día, una de las chicas empezó a preguntarme recetas, así que le mandé un tutorial por audio de cómo ir haciendo cada cosa. Era domingo, llovía, y estaba aburrida, por lo que decidí armarme un Instagram con la escasa idea que tenía de la red social, para poder subir todo directamente ahí, y lo enlacé con facebook, porque ninguna de ellas tenía IG aún. Lo hice pensando en mis conocidas nada más, y de repente el 26 de mayo ya cumplo 4 años con el proyecto. 

En cuanto al nombre, empecé a disparar conceptos que me encantaron siempre de la cocina, por eso la masa madre, y bueno, el acto de amasar, y yo como madre.

¿Alguna vez tuviste un local con atención al público?

Si, en Magdalena, y la historia se dio casi por impulso, y la experiencia y el resultado fue hermoso. Un día vino Gaston, mi ex pareja, y me dijo “se vende la panadería de Pratollongo”. Tenía horno a leña, y estaba pegada al jardín de infantes al que había ido. “¿Y si la compramos?” me preguntó él todo emocionado. Yo no era profesional gastronómica, trabajaba como diseñadora de interiores y él era ingeniero mecánico. Nos mandamos igual, averiguamos todo y sacamos un crédito. La decoré antigua, resaltando sus propias características rústicas. Mandé a filetear los vidrios, y usamos como factor diferenciante el horno, ya que nadie más lo trabajaba hacía rato. Lo importante era volver a las bases. Aprendí el oficio con los panaderos de la cuadra, y ellos aprendieron conmigo recetas nuevas. Hacíamos todo entre todos, si bien tenía personal, yo pasaba horas ahí adentro amasando. Estaba mitad en La Plata porque las chicas iban al colegio, y la otra mitad vivía impregnada de olor a humo. El negocio duró nueve años. Vivíamos con un bolso enorme arriba del auto. Cualquier cosa que no encontrábamos en alguna de las casas (de Magdalena o La Plata) sabíamos que estaba en algún rincón debajo de un asiento. 

Debo admitir que de tanto en tanto necesito cambio y movimiento, es algo que está en mí, y estoy acostumbrada . Pero cuando llego al pueblo soy la mujer más feliz del mundo. De hecho ¡me quiero comprar un lote! Voy a poner un container y voy tener mi huerta, onda familia Ingalls. Quiero pasar mi vejez allá

Claudia sólo frena la conversación para asegurarse de que el agua del mate no se haya enfriado, que el café del sonidista tenga las suficientes cucharaditas de azúcar, o que las fotógrafas no se queden sin probar el budín pornográficamente esponjoso que hizo para la ocasión. Está en todo y al mismo tiempo está en el mejor lugar que se puede necesitar para conocernos: en su recorrido de vida mediante el relato armonioso e integrado de lo que fue y es, sin más pretensiones.

Y después de tanto trabajo ¿seguiste en el rubro de la gastronomía?

Así es, en 2009, cuando terminé con la panadería, me armé un emprendimiento de desayunos que se llamaba Mil Claritas, en La Plata. Empecé haciendo muffins y cupcakes, y la verdad es que ni sé cómo fue que pasó, pero en un momento ¡desayunaba toda la ciudad menos yo! Tanto así fue que al poco tiempo me hicieron una nota en Página12. Es que la cocina siempre me dio resultados rápidos, y yo siempre vuelvo. Con ese emprendimiento estuve cinco años. De todas formas, paralelo a eso hacía ambientación de eventos, que es lo que estudié y siempre mantengo como constante. Así conocí a Soledad, una colega con la que después terminamos siendo amigas. Ella tenía un catering y yo ambientaba las fiestas en las que ella trabajaba. Congeniamos tan bien que en el 2012 me llamó para contarme que la habían contactado de una cadena de heladerías de zona Sur, Via Cosenza, para que les montemos todo el área de panadería y pastelería. Desde entonces capacitamos a su personal y desarrollamos sus productos. Fue en ese momento que me di cuenta que no me daban los tiempos para seguir con los desayunos, así que lo terminé y me puse de lleno con la heladería. 

¿Nunca pensaste en vender alguna de tus marcas cuando terminás con tus proyectos exitosos?

No, nunca. Soy cero negocio. Le pongo todo el amor del mundo a cada emprendimiento, y cuando termino paso a otra cosa. No tengo esa cabeza empresaria de generar una marca con mi nombre y hacer franquicias. Lo mio es bien artesanal. La parte empresaria se la debo a mi necesidad de salir adelante, por las adversidades de la vida. A los 30 me metí a estudiar en la facultad de Ciencias Económicas, Marketing orientado a montar empresas de servicios. Me encontré de un día para el otro sola con dos nenas y me dije a mi misma “yo tengo que estudiar esto porque necesito aprender a vender lo que sé hacer.” Me dio una base para ver el filo, y saber por dónde tenía que ir. Cómo mostrarse, cómo llegar a la gente, sin dejar de ser yo misma.

¿Cómo distribuís tu tiempo con tus diferentes trabajos?

Selecciono, no me vuelvo loca por agarrar todo. Sigo trabajando como diseñadora pero sólo cuando es algo que me gusta mucho. Lo mismo con las propuestas que me llegan de @amasa.madre. No me sobre expongo, no voy a la tele o a dar charlas en institutos multitudinarios. Me estresa Buenos Aires y no pretendo vivir corriendo todo el día. Me gusta manejarme en el radio La Plata- Magdalena.

Este año que pasó -2019- me lo tomé cuasi sabático. Hice lo mínimo para subsistir y poder estar tranquila. Después de la muerte de mi mamá, con la cual era muy unida, necesité dedicarme más a mí. Remodelé todo el departamento, me dediqué a visitar a mis amigas, reconectarme conmigo. Ahora sí, este año arranqué con todo. Me llamaron de un molino harinero de Junín con el cual voy a trabajar entre marzo y abril, hay marcas con las que tengo contrato y así… es que @amasa.madre, como para mí siempre fue un juego con el que me divertía, nunca lo ví como trabajo, fue despegando y explotó casi sin que me diera cuenta. Pero claro, nada de todo esto sería factible si no fuera por el feedback constante que tengo con mis seguidores, no sólo argentinos, sino de todo el mundo. Son el impulso diario para seguir generando contenido y llegar a sus hogares.

Ahora, por ejemplo, me llamaron de una editorial española para publicar mi libro. Estoy escribiéndolo, más que nada porque es una recopilación de todas mis recetas a lo largo de mi vida. La verdad es que no soy ni muy para arriba ni muy para abajo. Me tomo las cosas con mucha tranquilidad, y si salen bien genial, y si no no tendría que ser. El libro lo estoy haciendo, ya se verá.

Cuando enviudé a mis 30 años, con una nena de dos y otra de seis, no me quedó otra que salir a pelearla. He pasado situaciones límites desde muy chica, de perder lo importante en la vida, por eso jamás me enrosco con huevadas. Yo cuido a mis afectos con todo. Instagram es un juego. La vida no gira alrededor de seguidores. Mañana se muere Instagram y yo pasé a ser NADIE. Nadie en este planeta, SALVO para mis seres queridos. Eso es lo que a mí me llena la vida, lo otro es circunstancial. Me encanta, me divierto al hacerlo, si me da un rédito económico genial, porque es también otra forma de trabajo, pero nada más. Yo soy re honesta con lo que hago, no vendo algo irreal.

Suelo buscar con cierta obsesión en las historias de mis entrevistadas las circunstancias que las llevan a estar en los lugares en donde tengo la suerte de conocerlas. Hurgo porque quiero saber qué hicieron diferente, qué caminos eligieron cuando se les han presentado más de uno al mismo tiempo, cuáles han sido las herencias que les dan orgullo y cuáles son las que están creando cien por ciento ellas. En el caso de Claudia, la palabra que más resuena en mi cabeza es hogar. Su hogar es la presencia y contención, el pueblo, las siestas de verano, su padre cantando en el living y su madre con sus eternas puertas abiertas. Lo casero, lo elaborado con amor y cuidado. El sabor de la infancia, su olor a pan caliente y la luz refractándose en las distintas ventanas de las cocinas en que vivió, de aquí y de más allá también.

Agradecimientos:

A Claudia, quien nos recibió en su casa y nos dio de desayunar y almorzar como si fuéramos sus sobrinos – @amasa.madre –

A Aie, en fotografía, video y edición. Seguir trabajando con vos es descansar en la certeza de la calidad de tus imágenes, poder entrevistar tranquila sabiendo que tu ojo está alrededor captando todo lo que siento – @ayesha.fotografia –

A Barbi, en fotografía, video, edición y diseño editorial. Cada trabajo que parimos juntas es una nueva oportunidad para admirarte más. Tu crecimiento humano y profesional es agigantado y lo que creás es el fiel reflejo de la clase de mujer que sos. – @barbarafigoli –

A Nanito, en sonido. Gracias por sumarte en esta pasada al team, gracias por ayudarme a creer en mí misma y a jugar a sacarse los miedos en cámara – @ferr.huergo –

A Niko, mi amor, el choffer del dreamteam y de mi corazón.

A mis viejos por su eterno e incondicional apoyo

A mi queridísimo amigo Santi, por ayudarme a programar y no perder nunca la paciencia conmigo.

Y a mi hermosa Clarita, gracias por prestarme a tu mamá, se te extraña todos los días un rato.