Cinta Tort Cartró

Es un cálido y soleado sábado otoñal de octubre en Barcelona. Las luchas por el independentismo, luego de los atentados en Las Ramblas, se encuentran surfeando la cresta de la ola. Sin embargo, al recorrer sus calles, todo parece estar en paz e inmóvil, más allá de las cientos de banderas que flamean orgullosas desde los balcones de sus ciudadanos. Cinta nos recibe en un sótano -momentáneamente ocupado- cercano al Camp Nou. Allí realiza intervenciones artísticas en vivo y es el punto de encuentro para activistas, feministas, amigos y admiradores. Su sonrisa es auténtica, lleva el pelo largo con un semi rodete en la punta de su cabeza, anteojos cuadrados de marco negro y ropa holgada. Nos invita a pasar y nos presenta a sus colegas mitad en español, mitad en catalán. Mientras hablamos se detiene cada tanto e intenta pensar en cómo decir una palabra determinada para que la podamos entender, sin que sea en su idioma nativo.

Recibida de la carrera Magisterio en Madrid y actualmente estudiante de Arte en Barcelona, Cinta, de tan sólo 22 años, no conoce de desconfianzas. Es transparente y coherente con su discurso, una cualidad muy difícil de encontrar en momentos de postureo virtual extremo. A lo largo de su vida, y a pesar de vivir en un pequeño pueblo ubicado a 25 kilómetros de la capital catalana, ha ido despojándose de los preconceptos y ha comenzado a expresarse para liberar a aquellos demonios con los que la sociedad moderna nos moldea a todos, utilizando como herramienta principal el dibujo, convirtiendo a sus creaciones en un referente mundial de identificación femenina. En julio, me acuerdo que cada tarde que volvía de trabajar  en un campamento de verano en mi pueblo, la gente me hacía bromas en cuantoa lo cambiante de mi situación, ya que tenía entrevistas de todo tipo, súper intensas. Y la verdad que a partir del mail Zinteta que me creé, me empezaron a llegar como cien correos por día. La gente que me conoce sabe que estoy agobiada porque pretendo contestarles absolutamente a todos. Y no miente. Ahora, su hermana (32) hace las veces de manager suya. Es pediatra y ha vuelto de África luego de unos meses de trabajo. hora está aquí de vacaciones y le he pedido ayuda porque… ¡sola no puedo! Cuando vio mi mail no lo podía creer “¿Tú le has dicho esto al pápa y a la máma?” Se quedó en shock. En cuanto a sus padres, sonríe al explicar que aún no caen del todo en la cuenta de las dimensiones del éxito repentino que está teniendo, excepto cuando sus vecinos los interceptan en la calle para contarles que la han visto en la tele.

Si bien su actividad comienza más entrada la tarde, nos regala en exclusiva el lujo de pintar a una de sus modelos más fieles, mientras nos adentramos en la conversación. Su inesperado reconocimiento súbito parece de película, la toma desprevenida y la obliga a ir acomodándose a medida que las nuevas oportunidades le llegan desde cualquier punto del planeta. La  pintura de cuerpo empezó en abril pero ilustro desde pequeña. La primera vez me pinté a mí misma. Mucha gente me pregunta cómo surgió la idea, y supongo que tiene que ver con la relación que tengo con mi imagen y las estrías, porque las odiaba cuando tenía 14-15 años, pero en plan obsesión, hasta buscar en internet cómo rellenarlas. Ahora me río, pero en ese momento no me hacía nada de gracia. Y para agregar crueldad amarilla a su historia, nos cuenta que El País –nada más y nada menos que el famoso e inmenso diario español- hizo un video de aproximadamente dos minutos acerca de su vida, donde destacaban desórdenes alimenticios que ella sufrió en plena adolescencia, sin consultarle. Si bien es verdad, y no tengo problema con abrirme sobre el asunto, ellos jamás me pidieron permiso para difundir esa información, que además yo nunca les proporcioné. A partir de este hecho, muchísimas mujeres se comunicaron con ella para contarle experiencias similares, creando un puente de identificación y de sanación.

Cinta frena para atender el teléfono. Su celular suena constantemente, contesta y aclara que está en una entrevista. Un tanto sobrepasada, al instante que retoma el pincel, nada de eso parece manifestarse en la sala ni en ella. La piel es su lienzo, y en cada delineado que ejerce sobre lo que supone ser un defecto, traza una historia de inseguridad, complejo y rechazo, transformando cada surco del cuerpo de la mujer en un nuevo camino hacia la auto aceptación y el auto amor. Me han llegado mensajes muy personales de chicas que se encuentran atravesando miedos y conflictos con su imagen. Incluso dos de ellas –una de Estados Unidos y otra de España- se han tatuado mis dibujos en su piel, y eso me ha hecho flipar y dimensionar un poco más el alcance que todo esto ha tenido en tan poco tiempo. Intento siempre, en la medida de lo posible, poder conversar y ayudar a quienes me contactan, pero a veces me da miedo pensar que soy un referente para gente que no conozco, pues es como me ha dicho un amigo –y que tanto me ha asustado- ahora tengo una responsabilidad y debo aprender a manejarla.

Ante la vorágine descripta, le pregunto por Zinteta -su nombre artístico con miles de seguidores en las redes sociales- y sus proyecciones para el futuro inmediato. Los próximos pasos que decida dar, pienso, son clave en su construcción como artista militante. Me encantaría viajar a Latinoamérica, hay mucha gente allí a la que le gusta lo que hago, pero me encuentro atada a Barcelona, pues he empezado a cursar en la Escuela de Arte, luego de unas pruebas que hice para entrar. Por ahora iré en enero a Valencia, Zaragoza y Salamanca. Probablemente si no estuviera estudiando me iría a Granada o Valencia a vivir. De todas formas, esto ha sido antes de que empiece el boom; estoy a tope con muchas cosas y debo concentrarme. Cuando creo que voy a colapsar me recuerdo a mí misma dónde estoy y lo que debo hacer en el presente, momento a momento. De lo que sí tengo muchas ganas es de trasladar toda esta movida a jóvenes y adolescentes, de hecho ahora comencé con un grupo de scouts a los que les llevo el proyecto de la menstruación. Es en un pueblo más alejado, tienen entre16 y 18 años y viven de una forma muy distinta a la que estoy acostumbrada. Quiera o no soy docente y hay una parte dentro de mí que ama enseñar y que pretende poder transformar la realidad a través del trabajo. Y así, las palabras mágicas brotan una a una de la boca de Cinta: enseñar y transformar la realidad. Yo quiero ser maestra pero no de la escuela que tenemos. Y continúa: por suerte cada vez conozco másorganizaciones y activistas súper potentes, como la Organización de Mujeres Barbudas, que luchan constantemente para derribar los estereotipos de la mujer perfecta, sin pelos, sin defectos. De igual forma denuncia el acoso callejero y el deber urgente de desacostumbrase a tomarlo como algo normal y cotidiano: recomiendo ver el documental “Sólo te he dicho guapa”. Hasta que lo vi hace dos años no me había planteado la problemática en sí. Lo mismo me ocurre con la prensa cuando veo cómo manipulan titulares e información para culpar a la víctima y victimizar al agresor, es evidente y vergonzoso.

Terminando nuestro encuentro, me llevo las imágenes más famosas de Cinta que hoy cuelgan orgullosas en las paredes de mi casa; son declaraciones explícitas de libertad femenina y un recordatorio constante de que, unidas, somos más fuertes que cualquier mandato social arcaico.

Agradecimientos especiales:

A Cinta Tort Cartró (@Zinteta) quien contestó a mi mensaje para entrevistarla a los pocos minutos que la contacté, demostrando que la sororidad existe.
A Andrés Cárdona Mejía, un lujo de fotógrafo que no sólo se tomó el tiempo de hacer las fotos, sino que también fue el perfecto guía por Barcelona.
A Nicole Elgueta y Diego Escolano Farto, quienes me recibieron con tanto amor en la capital catalana y a Nikolás Morrison Ramírez, quien me los presentó.
A Raúl Lino, quien me asesoró durante el viaje y ayudó con mis procesos de escritura.
A María Pía Zaniboni y a Sari Jones que son el corazón programador y estilístico de Rosachina.